Hoy es cumpleaños de la mujer que hace el aseo en mi casa. Cumple 39 años y desde hace dos su hija que acaba de cumplir la mayoría de edad la hizo abuela. Es madre de tres. El mayor la hará pronto abuela por segunda vez. Las dos menores le gritan y le avientan cosas cuando ella, según me cuenta, les pide que arreglen el cuarto o que no sean groseras. Está separada del padre de sus hijos, que durante 19 años le pegó, se acostó con vecinas que bailaban en centros nocturnos y se gastó el sueldo en borracheras, de las que llegaba en la madrugada exigiendo a gritos que su mujer le sirviera de cenar. Ahora ese hombre acaba de hacer madre a una mujer que tiene 16 años de edad, es indígena y según me cuenta la cumpleañera, no se hizo un solo ultrasonido durante los nueve meses. Que la vida llene de bendiciones a esa mujer tan buena, trabajadora, cariñosa y honesta que es.
Hace un par de horas fui al aeropuerto con mi marido para acompañarlo a recoger a un amigo suyo que va a pasar la noche en nuestra casa, en espera de otro vuelo que sale mañana hacia su destino final. Allí, como llegamos temprano, me metí en una tienda de bolsas y maletas para distraerme un rato y terminé platicando con la empleada, que tan pronto vio a mi hija quedó enamorada de ella. Me dijo que tiene 25 años, está contenta de trabajar ahí porque su casa está muy cerca y no tiene hijos pero está llena de sobrinos y a todos los consiente. El lunes es su día de descanso pero hoy tuvo que trabajar porque prefirió que su día libre fuera ayer, para recibir el año con su familia. Una semana labora por las mañanas, de 7 a 3, y otra en la tarde, de 12 a 8. Le gusta el turno matutino porque se desocupa temprano pero el vespertino ofrece la inmensa ventaja de que no tiene que levantarse de madrugada. Me preguntó que si me dolió cuando nació mi hija y me dijo que a pesar de que su comadre le dijo que después de pujar dos veces su bebé salió sin dolor, ella cree que sí duele "porque, imagínate, se te abre toda la cola". Se llama Cinthia. O Cintia. O Cinthya. O Cynthia. No lo sé. Sintia me pidió cargar a la bebé y jugó con ella frente al espejo. Me cansé de tanta plática y me despedí, para ir a darle un abrazo a mi esposo, que por ahí andaba tratando de matar el tedio.
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